A veces el “nada” de tu hijo dice mucho mas

Es frustrante y preocupante sentir que hay una barrera entre tu hijo y tu cuando sabes que no está bien; y es totalmente normal que quieras «solucionarlo» de inmediato porque amas a tu hijo, pero a veces la presión que se ejerce sobre ellos es lo que más los aleja.

Que tu hijo no te cuente nada puede deberse a la necesidad de privacidad, miedo a ser juzgado, falta de hábito o sentir que la comunicación no es abierta; es muy común en adolescentes buscar independencia, y en niños pequeños no considerar importante relatar su día. Fomenta la confianza a través de la escucha activa y la empatía.

Estrategias para abrir ese canal de comunicación sin forzarlo

  • Valida sin presionar para que no se sienta invadido: No lo llenes de preguntas, mejor usa frases como «Entiendo que estés triste/enojado» o «He notado que estás pasando un momento difícil, deseo que sepas que estoy aquí para t para cuando desees hablar».

  • Busca el momento adecuado: Tiene que ser un ambiente tranquilo para buscar la conexión, como durante una actividad compartida (mientras van en el auto, mientras lavan los platos o caminan), en lugar de hacerlo delante de otros o cuando esta ofuscado.

  • Observa el lenguaje corporal y evita la mirada directa: Presta atención a cambios en su comportamiento y no solo en sus palabras. Ten presente que el contacto visual directo genera ansiedad y por ende no hablan.

  • Evita el juicio: Si logras que hable, escucha activamente sin juzgar ni burlarte, y sin regañar. Puedes hablar de situaciones similares de forma casual como «Leí que muchos chicos se sienten estresados por los exámenes últimamente, ¿tú cómo lo ves?», esto normaliza la emoción.

  • No saltes a la solución: Si te cuenta algo, evita decir inmediatamente como es que lo tiene que solucionar, porque el mensaje que recibe es que no sabe manejar su vida. Escucha hasta el final y pregúntale «¿Necesitas que te escuche, que te dé un consejo o que te ayude a actuar?», dale el control de la conversación.

  • Busca apoyo profesional: Si la conducta persiste por más de 2 semanas, y notas que afecta su vida diaria o te preocupa seriamente (cambios drásticos en el sueño, la alimentación, aislamiento total o abandono de actividades que antes amaba), busca la ayuda de un profesional de la salud mental, que sería el psicólogo infanto juvenil.