Cada niño es un ser humano único, la velocidad con la que integran los conocimientos y habilidades es muy distinta. Los padres tenemos que respetar sus propios tiempos de aprendizaje, esto es básico para evitar el estrés y la frustración durante su desarrollo, garantizando de esta forma que su desarrollo emocional sea saludable y de calidad, fomentando a su vez un interés genuino por aprender.
Los ritmos individuales no se refieren solo a la velocidad para aprender, sino también a la forma en que cada niño progresa en áreas claves como la motricidad, el lenguaje, las habilidades sociales y el aprendizaje a nivel cognitivo. Estas diferencias que se dan suelen ser por factores genéticos, ambientales, culturales y emocionales.
Hay niños que empiezan a hablar a los 12 meses y otros que no lo hacen hasta cumplidos los 18 meses, hay niños que empiezan a caminar antes que otros y otros que aprenden a ir al baño antes, todas estas diferencias son totalmente normales, siempre y cuando el pequeño continúe su progreso dentro de un rango saludable de acuerdo con su edad cronológica.
Cómo podemos respetar esos ritmos
Esta es una tarea que los adultos tenemos que poner en práctica tanto en el colegio como en la casa. El entorno en el que el niño se desarrolla tiene que aprender a entender y respetar esos ritmos y sus diferencias, aquí algunas recomendaciones:
Beneficios de comprender y apoyar esta diversidad