La frustración es una respuesta emocional que suele ser compleja, surge cuando una meta trazada es impedida o una expectativa no se cumple. A nivel neurobiológico, este estado emocional activa regiones cerebrales asociadas con la aversión y la recompensa, como la corteza prefrontal y la amígdala; cuando se experimenta frustración el cerebro, de forma instintiva y automática, busca soluciones para eliminar el obstáculo y restablecer el equilibrio deseado.
La frustración puede generar en la persona sentimientos de decepción, enojo, impotencia y desesperanza, tristeza. Todo ello puede ser provocado por la falta de habilidades necesarias para lograr un objetivo. Los obstáculos inesperados que se dan, cualquier situación fuera de nuestro control, o expectativas poco realistas sobre una situación en específico.
Trabajar la tolerancia a la frustración en los niños consiste en enseñarles a gestionar la decepción cuando las cosas no salen como esperaban o deseaban. Para ello, es fundamental validar sus emociones sin ceder a sus demandas, permitirles resolver sus propios problemas y enseñarles la importancia del esfuerzo y la paciencia.
Si sientes que, aun siguiendo estas recomendaciones, no logras que ti hijo reconozca su frustración y por ende la controle, busca ayuda de un profesional psicólogo para que pueda orientarte de manera más específica, tal vez tu hijo necesita consejería individual o psicoterapia.